Embrujadas (parte 1)
Una posible carta del Ministro Óscar Puente como respuesta a mi última carta
Querido Jorge Salanova,
Son muchas preguntas las que me hiciste en la última carta, algunas de las cuales me siento incapaz de responder. No por falta de tiempo o de ganas, sino porque creo que es mejor que vayamos más allá de las preguntas y nos adentremos en la conversación como una serie de respuestas especulativas, explorando un bosque oscuro, lleno de mitos sobre brujas y animales que hablan, entre la excitación y el miedo, el morbo y la vida.
Te digo esto porque últimamente siento que mi cuerpo no es mi cuerpo, que estoy dejando de ser Óscar Puente, el Ministro de Transportes, y me estoy convirtiendo en algo parecido a un Talgo que ha adquirido conciencia de sí y que no renuncia a su papel como tren. Le gusta ser un tren. Le gusta mucho ser un tren, de hecho. Simplemente, desea, quizá, trascender su destino. Los jóvenes llamáis a este proceso ‘disociación’ y parece que se produce cuando uno empieza a descubrir una verdad (verdadera) acerca de sí mismo. La disociación, como la ansiedad, tienen un efecto similar al que me sugieres que tiene la ficción: acostumbrado a vivir sin conciencia, a protegerse con el muro de cemento armado de la neurosis, descubres algo que no eres y algo que eres (yo no soy, yo no soy, yo no soy repite Iuky; sé que estuviste en el CBA viéndolo, un miembro de mi equipo me lo comentó, me hubiera gustado acompañarte).
Verse desde fuera genera la misma sensación que asomarse a un abismo sin poder dejar de mirar hacia el fondo. La excitación que surge de nuestro segundo cerebro, el estómago, sugiere que hay algo que nos mantiene vivos. El misterio de esa excitación es lo que nos mantiene vivos, y en cada momento está presente. Qué complicado estar presente, verdad. Qué complicado canalizar toda esa energía cuando eres consciente. Cada día siento que una parte de mí desearía disolverse en las corrientes subterráneas del deseo. Estas corrientes las entiendo de esta manera, querido Jorge: la primera se llama Prue, la segunda Piper y la tercera Phoebe. Las tres son hermanas, y las tres representan las formas en las que el deseo se hace carne y se enmaraña en la catastrófica, encantadora y polifónica historia de nuestras personalidades. Una mañana me he despertado embrujada sintiendo que quiero ser responsable y mover montañas de cemento con la mente. Por la tarde, pienso buscar la estabilidad, congelar el tiempo cuando el delirio del deseo está extenuado y quiere descansar. Supongo que esto es una forma de melancolía: todo va a seguir moviéndose incluso si tienes el poder de congelar momentáneamente el tiempo. Ya de noche, quiero ser Phoebe. Cuando siento la pulsión creativa, el devenir deleuziano, las mil mesetas; quiero recorrerlas todas y expandirme con ellas otras mil mesetas más. Crear mil universos compartidos. Allá donde sentimos, nos disipamos.
En el fondo, estamos embrujados por todas las posibilidades de uno mismo. Los excesos del corazón que una y otra vez se enfrentan al carácter autoritario de Lo Real (el exceso del corazón es una expresión tomada de una Elegía de Rilke donde siente que el exterior está en ruinas y hemos olvidado el espacio de nuestra interioridad; en las ruinas siempre hay resquicios llenos de vida, son los que busco) En el fondo, lo que quiero decirte con esto es que te quiero. 21 siglos entre la fe y la esperanza, entre la fe y la desesperanza, y aquí seguimos, con la mano abierta esperando a que todos a los que quiero la toméis un momento, dure lo que dure.
Tuyo siempre,
Óscar Puente

